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domingo, 13 de abril de 2014

María y yo

Hola a todos. Hoy os voy a hablar, por fin, del documental que os comenté hace un par de meses que me había gustado tanto, cuya entrada fui posponiendo porque prefiero ir creando entradas más acordes a la actualidad (por ejemplo, la dedicada a Operación Palace, el falso documental que tanta polémica creó en su momento y sigue generando todavía, o las que escribí sobre Ocho apellidos vascos El Gran Hotel Budapest, películas que todavía están en cartelera). Así que, una vez finiquitadas las entradas más pegadas a la actualidad, hoy por fin os voy a hablar del precioso documental María y yo.

Pero antes de hablar del documental,  me gustaría hablaros de una gran novedad que presenta la página web de RTVE: desde hace unos meses, podemos acceder con un par de clicks a un extenso archivo de documentales de todas las temáticas que podáis imaginar. Hace unos meses intenté encontrar en esta página web, sin éxito, un documental que se había emitido en TVE, y me dio muchísima rabia porque quería hablar sobre él aquí y no pude, al no haberlo visto completo. Así que, si os gustan los documentales, podéis echar un vistazo en esta web y elegir según vuestros gustos e intereses aquellos que os apetezcan.

En mi caso, escogí María y yo porque recordaba su temática y la gran repercusión que tuvo en su momento, llegando a ser incluso nominado a los Premios Goya y a los Gaudí en 2011. Tenía mucha curiosidad por ver si el documental era tan especial como todo el mundo dijo cuando se estrenó, así que un domingo por la noche me puse a verlo; como ya hace algo más de dos meses desde que lo vi por primera vez, he decidido volver a verlo hoy, para poder hacer un comentario más ajustado a lo que vi y sentí al ver el documental en su momento.

María y yo cuenta la historia de María, una joven autista que se va de vacaciones a un hotel con su padre, quien vive normalmente alejado de su hija (él vive en Barcelona y ella lo hace con su madre, en Canarias). En el documental, vemos cómo es la vida de María, y cómo se adaptan a ella los suyos para intentar hacerla feliz. Además de disfrutando en el hotel, también la vemos en momentos de su vida cotidiana: el colegio, el día a día con su familia, una fiesta, etc.

El documental está dirigido por Félix Fernández de Castro, quien se apoya a su vez en el cómic homónimo de Miguel Gallardo, padre de María. Y es que uno de los aspectos más interesantes de este trabajo es, sin duda, la visión tan cercana que se nos da del autismo, ya que quienes hablan sobre él son los padres de María, que no dudan en hablar de todos los temas relacionados con la enfermedad y con su vida, incluso cuando estos son muy duros y difíciles de exteriorizar. Yo nunca he tenido contacto con una persona autista, y sin embargo creo que nunca nada ni nadie podría haberme explicado mejor en qué consiste esta enfermedad que unos padres que hablan con tanta naturalidad de un tema que les afecta de lleno, y las imágenes de una niña que, sin duda, es feliz a su manera. 

A pesar de lo que pueda parecer a priori, estamos ante una película muy alegre en general, y, sobre todo, muy tierna. La tristeza apenas hace acto de presencia y, cuando lo hace, enseguida se transforma en unas enormes ganas de seguir luchando y saliendo adelante. De hecho, hay varios momentos muy simpáticos, que te hacen esbozar inesperadas sonrisas. Además del guion, también contribuye a esto el formato del documental, ya que va mezclando escenas reales con animaciones, lo que proporciona dinamismo y resta seriedad a lo que podría haber sido una película muy dura. También la música, muy adecuada y bien utilizada en escenas que pedían a gritos una buena canción, hace posible que María y yo sea tan agradable de ver. 

Pero, sin duda, lo más destacado de María y yo son sus tres protagonistas: María, Miguel y May. María es lógicamente, la pieza central, el epicentro de la vida de sus padres, pero ellos no son menos protagonistas que ella, especialmente Miguel. May aparece menos que él a lo largo de la cinta, aunque sus aportaciones están llenas de emoción y realidad; sin embargo, Miguel aparece en la mayoría de las escenas, mostrando un amor y una comprensión hacia su hija impresionantes. Pero no penséis que son unos padres que buscan la lágrima fácil en sus explicaciones, o que intentan mostrar una realidad edulcorada. Y es que lo bonito de María y yo es, precisamente, que no hay fingimientos, sino que lo que hay es lo que se ve, tanto lo bueno como lo malo (las inadecuadas miradas ajenas y la incomprensión de algunos sectores de la sociedad, por ejemplo). Esa sinceridad y el saber plasmar las dos caras de la moneda hacen que la película rezume realidad y emoción por los cuatro costados. 

Podría deciros muchas cosas más sobre María y yo, pero no me apetece. Me encantaría hacer un análisis en profundidad sobre algunas de las cosas que aparecen en el documental, pero creo que es mucho mejor que os dejéis tentar y lo veáis, y ya si luego queréis opinar en los comentarios me parecerá estupendo. Prefiero eso a estropearos una experiencia tan bonita como es ver esta preciosa película de amor: de amor real, incondicional, eterno. Feliz Semana Santa a los que ya hayáis empezado las vacaciones, y a los que no un poquito de paciencia que todo llega. Nos leemos. 





martes, 25 de febrero de 2014

Operación Palace

Como veis, hoy os voy a hablar de un tema que no puede ser más actual. Y es que el domingo vi un documental precioso del que os iba a hablar esta semana, pero después de haber visto ayer (si, ayer, un día después que todo el mundo) Operación Palace y con todo el revuelo que este falso documental ha provocado, me ha apetecido escribir una entrada sobre él. 

Como os he dicho, no vi en directo este programa. Al ver tantos anuncios sobre él y al tratar un tema que siempre me ha interesado, tenía pensado verlo, pero mi madre eligió ver otro programa y finalmente no lo hice; pensé para mis adentros "pues ya lo veré en otro momento", algo que a veces cumplo y otras no. Sin embargo, enseguida me alertaron de que debería cambiar de programa, pero como digo, yo estaba haciendo otras cosas y no pensé que el consejo fuera tan bueno. A fin de cuentas, pensé, ¿alguien se atrevería a desvelar algo nuevo y realmente grave en medio de la situación que atraviesa España? 

Lo que no sabía, claro, era que, al menos en apariencia, era eso precisamente lo que estaba ocurriendo. Mientras nosotros cenábamos tranquilamente, más de cinco millones de personas estaban viendo cómo lo que siempre nos habían contado del 23-F se derrumbaba, dando paso a un gran montaje del que todas las formaciones políticas habían sido partícipes, así como el rey y varias personalidades de los medios de comunicación. 

Como el domingo por la noche no estuve en redes sociales, sino que me dediqué a ver ese documental precioso que tenía previsto comentaros, no me enteré de nada. Hasta el día siguiente por la mañana, en donde ya descubrí en diversos medios lo que había pasado: todo lo que se había contado había sido falso, argumentando Jordi Évole que había ideado este falso documental porque no sabemos realmente lo que ocurrió el 23 de febrero de 1981 y porque, de paso, nos haría pensar en si somos demasiado crédulos con la información que recibimos a cada minuto de los medios de comunicación. 

Mi primera reacción fue bastante destemplada. Al no haber visto el documental no quise comentar demasiado, pero no pude contenerme, dado el gran revuelo que se había formado. Entre las opiniones, vi una muy generalizada de enfado, y otras más minoritarias, como aquellos que decían que el documental había sido estupendo y que estaba muy bien realizado. Yo me situé en una postura fácil: argumentar una posible pérdida de credibilidad de Jordi Évole en un futuro no muy lejano, quizás influenciada también por mi propia opinión personal de sus programas. Y es que, al contrario que muchísima gente, yo no soy seguidora de Salvados. ¿La razón? No es un programa que me llame la atención. Sé que triunfa por ser una especie de Robin Hood de los periodistas (quitarle la razón a políticos, presidentes de compañías eléctricas, etc.) para dársela al pueblo, pero sinceramente, no creo que esto sirva para nada. Quien para muchos es un héroe, para mí es un periodista más, y ni siquiera, uno de los mejores. Algo que probablemente haya cambiado hoy: para quienes era un héroe es hoy alguien a quien miran con nuevos ojos, menos apasionados y más escépticos; los que por el contrario no le habíamos dado especial importancia tenemos que admitir que, al menos, ha tenido dos cosas que no todo el mundo tiene: mucho valor y grandes ideas. No todo el mundo, estando en su posición privilegiada (buenas audiencias, enorme credibilidad, prestigio avalado por premios importantes, como el Ondas) haría lo que Jordi Évole ha hecho: intentar abrirnos los ojos. 

Muchos estaréis pensando que quién es él para abrirnos los ojos, y os doy la razón solo a medias. Si este experimento se hubiera emitido por La 2, ¿estaríamos hoy hablando de él? No, porque probablemente no nos hubiéramos enterado, y eso si esta cadena hubiera tenido el valor de emitir algo así, que tampoco lo creo tal y como están las cosas en RTVE en estos momentos. Así que, cambiemos la pregunta: ¿Quién mejor que Jordi Évole para hacer algo como Operación Palace? Podéis dejar vuestras respuestas, si las halláis, en los comentarios. 

Como iba diciendo, la curiosidad y el deseo de opinar con conocimiento de causa me hizo ver el falso documental ayer por la noche, a pesar de que ya sabía que era precisamente eso, un falso documental. Intenté verlo sin estar condicionada por lo que ya sabía, pero claro, esto era imposible, ya que sabía lo más importante: el final. Aún así, me puse en la piel de alguien que no supiera el verdadero contenido del programa, y lo vi como quien ve un programa más de Salvados

Lo cierto es que a los cinco minutos ya me estaba riendo, porque ya al principio encontré un dato muy surrealista, que me pareció del todo improbable (no lo voy a comentar por si queda algún rezagado como yo sin haber visto Operación Palace, y tiene interés en hacerlo). Pero, ¿habría reaccionado del mismo modo si no supiera desde un inicio que lo que estaba escuchando era una gran mentira? Quiero creer que sí, pero no lo tengo nada claro. Y es que a veces cuesta mucho cuestionar a los medios de comunicación, especialmente aquellos a los que nos sentimos más vinculados (en mi caso, por ejemplo, El País, La Ser o, precisamente, La Sexta). Sin embargo, y viendo los medios que yo misma he mentado, muchos sí somos conscientes de que elegimos aquellos medios que son más afines a nuestra ideología; yo misma leo El Mundo o ABC con bastante escepticismo en muchos temas, y no hablemos ya de, por ejemplo, La Razón, periódico que no he abierto en mi vida. ¿No somos, pues, nosotros mismos quienes nos creamos una determinada barrera hacia estos medios que no nos gustan? ¿Nos cuesta menos dar por buena una información que leemos o escuchamos en un medio hacia el que nos sentimos próximos? 

En mi opinión, que repito, está condicionada por haber sabido lo que estaba viendo desde el primer minuto, había muchos datos que olían a mentira. Por ejemplo, ¿de verdad todas las fuerzas políticas se podrían haber puesto de acuerdo para hacer algo así? ¿Se arriesgaría alguien a poner en juego una democracia que había sido ansiada por muchos durante tantos años de esta manera? De todos los diputados que había, ¿ninguno se habría opuesto, aunque fuera a título personal y rechazando una supuesta disciplina de partido? Claro que luego las preguntas, o mejor dicho, las respuestas, se vuelven menos complicadas. Y es que, ¿cómo podemos llegar a pensar que Garci, precisamente Garci, estuvo dirigiendo y grabándolo todo? Eso después de que se rechazara a Josep María Flotats, un grande de la escena, por ser catalán. A mayores, hay datos que ya arrancan más de una carcajada, como que salir por las ventanas es más elegante que hacerlo por la puerta y que era un homenaje a La ventana indiscreta, o que Fraga montó un pollo porque tenía hambre. 

Así que imagino que muchos espectadores se irían dando cuenta de lo que pasaba conforme avanzaba el documental, porque como digo, había datos que indicaban que lo que se contaba no era real. Aún así, pongámonos en la piel de los más crédulos, o de aquellos que se lo creyeron porque no tenían información sobre el 23-F por diferentes motivos. ¿De verdad creéis que, tal y como está España en estos momentos, a nivel económico, político y social, si lo que se contó hubiese sido real hubiera visto la luz? ¿Pensáis que tal y como está la monarquía en estos momentos si se supiera que el rey fue partícipe del montaje más grande que se ha hecho en España no pasaría absolutamente nada al día siguiente? Creo que todos sabemos que si esto hubiera sido real nunca habría visto la luz, o lo haría dentro de muchísimos años, cuando no hubiera riesgos ni para la monarquía ni para los partidos políticos que siguen copando el poder. 

Así que parece que Jordi Évole tenía razón: debemos ser más críticos con lo que nos transmiten los medios de comunicación, y no dejarnos manipular en la medida de lo posible. Además, hoy estamos más prevenidos que nunca: ¿habéis visto lo buenos actores que son la mayoría de los políticos y los periodistas que salen en el documental? Creo que el peor actor con diferencia es Garci, paradójicamente. Encima, nos ha hecho reflexionar también sobre lo que sabemos acerca del 23-F, que es básicamente lo que nos han querido contar. Ya sabéis lo que se dice en estos casos: la realidad supera a la ficción. Pero quizás cuando la realidad salga a la luz no quede ningún testigo de lo que ocurrió ese día, y será la pescadilla que se muerde la cola. ¿Mi consejo? Leed, estudiad y, sobre todo, pensad. No dejemos que nadie nos engañe nunca más. 


sábado, 1 de febrero de 2014

España en serie

Hola a todos. Para empezar, hoy voy a retomar la sana costumbre de daros las gracias, esta vez por el éxito que han tenido las últimas entradas. Parece que os ha gustado que haya variado un poco en lugar de escribir tanto sobre novelas, que era en lo que más centrada estaba últimamente. Obviamente los libros seguirán teniendo su lugar aquí, pero siempre he creído que es muy sano escribir sobre distintos temas, y parece que me habéis dado la razón. Os agradezco sobre todo el interés en las tres últimas entradas: tanto El señor Ibrahim y las flores del Corán como ¿Qué fue de Jorge Sanz? como (y esto es más meritorio, porque en solo dos días había tenido más visitas que otras entradas que llevan bastante tiempo publicadas) La vida de Adèle han tenido una gran acogida, así que no puedo estar más contenta. Es muy gratificante ver que estoy dando con la tecla con estas últimas entradas, y espero que esta línea se mantenga mucho tiempo. 

Hoy os voy a hablar de un documental, que como sabéis me gustan bastante. Se trata de España en serie, del que sin duda habréis oído hablar mucho en los últimos meses, porque se estrenó rodeada de una gran promoción y de mucha expectación, al tratar un tema del que todos sabemos algo: las series de televisión españolas. Así que no me he podido resistir, y en cuanto he tenido oportunidad he visto todos los capítulos de este interesante documental que, sin duda, os llevará al pasado.

España en serie está inspirado en el programa de PBS America in Primetime, un documental dedicado a hablar de los entresijos de las series que copaban y copan todavía la franja horaria más importante de la televisión en Estados Unidos; de hecho, la temática de los capítulos es, por lo que he visto en la web de PBS, semejante a la de los capítulos de España en serie. Desde el inicio sonó muy interesante la idea de hacer un documental sobre las series que han entretenido a los norteamericanos (y muchas de ellas, al mundo en general), y cuando vieron el resultado final a los creativos de Canal + se les debió de encender la bombillita: ¿Qué pasaría si en España hiciéramos lo mismo? Y España en serie es el resultado.


En el cartel que os muestro a la derecha, podéis ver a muchos de los actores que aparecen en este documental (os dejo aquí el enlace a la fotografía original de Canal +, más grande). Para mí hay un poco de todo en él, pero lo que es indudable es que todos, absolutamente todos, han tenido algo que ver con al menos una de las series más vistas y recordadas por los espectadores españoles. 

España en serie está compuesto por cuatro capítulos de casi una hora de duración, que llevan por título "Héroes", "Luchadoras", "Cómicos" y "Los sucesores", más otro capítulo extra llamado "La industria",  enfocado lógicamente a ese sector menos visible para el espectador. 

Entrando ya en el terreno de la opinión personal,  reconozco que me esperaba un poquito más de lo que he visto. La organización de los capítulos en los temas que acabo de nombrar no me ha terminado de parecer acertada, ya que los héroes lo son entre comillas, las luchadoras más o menos igual y a los llamados sucesores se les da, en mi opinión, demasiado protagonismo. Quizás los capítulos que más me han gustado hayan sido el dedicado a los cómicos y el que trata el tema de la industria, también por una inclinación personal hacia ambas cuestiones: en el capítulo de cómicos me gusta el tratamiento que se le da a mi adorada y añorada 7 vidas, comentada por Javier Cámara, Anabel Alonso y Nacho García Velilla, además de contar con declaraciones muy interesantes, como las que hace Fernando Tejero; el capítulo sobre la industria nos aporta la visión de cadenas, productores, guionistas, creadores y directores de series, de la que pocas veces podemos enterarnos y que resulta muy interesante, por ver cómo las opiniones de unos y otros difieren en temas verdaderamente serios, como los presupuestos, el riesgo y la innovación o la necesidad (o no) de dirigirse a un público concreto, además de los horarios y la duración de los capítulos. 

España en serie es sin duda una buena manera de hacer un repaso a la ficción nacional, pero también sirve para reflexionar acerca del futuro que le espera. Reconozco que para mi gusto faltan algunas series que en su día tuvieron bastante éxito, como por ejemplo Policías, de Antena 3, o El comisario, de Telecinco, de la que no recuerdo si es mencionada en algún capítulo, pero si se hace es de pasada, cuando se mantuvo durante mucho tiempo en antena. En cuanto a las que sobran, no puedo decir mucho, porque todas las que aparecen fueron relevantes en algún momento, aunque otra cosa muy discutible es si la calidad de algunas de las series incluidas es para sentirse orgulloso.

Otra cosa muy importante es la selección de actores que aparecen hablando sobre las series españolas. En mi opinión hay gente que no podía faltar, como los ya mencionados Javier Cámara y Fernando Tejero (dos fenómenos gracias a sus personajes cómicos de 7 vidas y Aquí no hay quien viva, respectivamente), Ana Diosdado, Imanol Arias o Emilio Aragón. Sin embargo, también creo que faltan nombres muy importantes para nuestras series, como Ginés García Millán, que ha trabajado en un montón de series españolas conocidísimas y muy exitosas, y podría dar un testimonio muy enriquecedor para el documental, o Blanca Portillo, que también ha protagonizado unas cuantas series y miniseries de éxito. En contraposición, hay para mí un exceso de actores jóvenes, algunos de los cuales han hecho tan solo una o dos series durante un período no demasiado largo. Me parecería lógico contar con gente que a pesar de su corta edad tienen una gran experiencia, como Ricardo Gómez o Blanca Suárez, que sí aparece en el documental y que es una de las caras más reconocibles de los "sucesores", como los llaman en el documental. Aun así, supongo que muchos actores no habrán podido o no habrán querido participar en este proyecto, así que en este sentido tampoco se puede opinar muy alegremente.

En cualquier caso, España en serie es una muy buena manera de descubrir los entresijos de nuestras series, con imágenes inéditas de los rodajes y comentarios de actores muy reconocibles para el público. Si a esto le añadimos la interesante participación de cadenas generalistas, guionistas, creadores y demás obtendremos un experimento realmente necesario para seguir adelante con la ficción sabiendo de dónde venimos e intentando saber qué queremos ver los espectadores a partir de ahora. Y, aunque ni unos ni otros se ponen de acuerdo, y hay cierta indolencia en algunos comentarios (es triste ver cómo algunos solo saben echarse la culpa los unos a los otros, sin plantear soluciones que puedan contentar más o menos a todos los sectores), sí se escuchan buenos planteamientos y opciones más alejadas de lo tradicional que nos pueden traer alguna sorpresa en un futuro inmediato. Yo por mi parte espero que esto se cumpla, ya que últimamente siento que las series españolas están perdiendo carácter y cayendo en la fórmula de las series de los noventa, que estaban muy bien para la época en la que se rodaron pero que ya deberían estar superadas, y que solo parecen estarlo para la audiencia. Ojalá todos, y especialmente las cadenas, apuesten por nuevos formatos que vayan poniendo los cimientos al futuro de las series españolas: nos lo merecemos.

PD: no penséis que los de Canal + me tienen a comisión, aunque últimamente esté escribiendo mucho sobre algunos de sus productos, como Ilustres Ignorantes, pero lo cierto es que tienen productos muy buenos y, sobre todo, muy cuidados. Ojalá sigan por este camino porque creo que los españoles nos merecemos una televisión así, aunque sea de pago (aunque os recuerdo que Ilustres Ignorantes, por ejemplo, lo podéis seguir, como hago yo, en la web oficial de Canal + o en Youtube). Nos leemos. 

jueves, 21 de febrero de 2013

Así se hace

Hola a todos. Hoy os traigo una entrada que tendría que llevar aquí algún tiempo, pero que por unas cosas y  por otras al final la he ido dejando de lado sin darme cuenta;  sin embargo esta mañana me ha coincidido ver este programa y he recordado que no le había dedicado ninguna entrada, a pesar de que me parece un programa muy interesante para conocer un poco mejor el mundo que nos rodea.

Me estoy refiriendo a Así se hace, una serie de documentales que echan diariamente en Discovery Max. En este caso estaba presentado por Álvaro Bultó, pero hay dos versiones, esta y una en donde no aparece ningún presentador. Como el propio nombre del programa indica, su misión es enseñarnos cómo se fabrican objetos de uso cotidiano, narrando con precisión y buen ritmo cada uno de los procesos de producción que se necesitan para realizar dichos objetos.

La estructura del programa está organizada de tal modo que vemos el proceso de fabricación de varios productos en una misma entrega, siendo narrado cada paso de la producción por una voz en off. Que cada documental no se dedique solo a un objeto hace que el programa sea ágil y  que no aburra, ya que aunque se nos cuentan muchos detalles esto no se hace de una manera pesada sino breve pero precisa.

Los productos que aparecen en Así se hace son muy diversos, y personalmente recuerdo ver cómo se fabricaban monopatines, árboles de Navidad artificiales de gran tamaño para colocar en el centro de las ciudades, limpiaparabrisas, cajas fuertes y hasta una Vespa. Esto provoca que el programa no resulte repetitivo, puesto que poco o nada tienen que ver la realización de objetos tan dispares como los que acabo de nombrar.

¿Qué tiene de interesante Así se hace? Primero, que es un formato muy original, del que parten otros similares pero centrados en productos más concretos y lujosos. De hecho hace un par de semanas vi un programa semejante a este en el que se mostraba la producción de un reloj de lujo, y quedé francamente impresionada por la enorme complejidad del proceso y por los rigurosísimos controles de calidad que el reloj tenía que pasar antes de salir al mercado. También me parece positivo que fomente la curiosidad del espectador, que no permanece pasivo mientras ve el programa, ya que se ve involucrado de manera activa en cada proceso de fabricación. Precisamente de esto y del conocimiento de cómo se producen estos objetos tan cotidianos nace una nueva valoración de las cosas que tenemos, en un momento en el que los productos de usar y tirar están tan absurdamente de moda, eliminando el valor de un objeto más duradero y de calidad. A veces hasta maltratamos en alguna medida nuestros enseres, en ocasiones de manera inconsciente o por costumbre, pero cuando te das cuenta del trabajo que cuesta hacerlos tu mirada sobre esas cosas cambia, y se les da otra valoración.

El único inconveniente que le veo a este programa son los horarios en los que se emite, ya que suelen variar. En cualquier caso podéis informaros en cualquier guía de televisión y también en la página web del canal Discovery Max. Yo ahora suelo verlo a partir de las ocho de la mañana, cuando me despierto, ya que desde hace algún tiempo en Cuatro ya no emiten a esa hora mi añorado Top Gear.

Como no dispongo de mucho tiempo tengo que dejar esta entrada aquí. En realidad tenía otra en mente, pero debido al enorme volumen de trabajo que tengo estos días no he tenido todavía tiempo de terminar de leer un libro del que pronto os haré un comentario, y ya os puedo adelantar que os va a sorprender y, seguro, a encantar. Gracias por visitarme y, como siempre, nos leemos.

lunes, 1 de octubre de 2012

Invisible Worlds

Hola a todos. Hoy voy a introducir una novedad en el blog, ya que os voy a hablar de algo de lo que hasta ahora no había hablado. Creo que es una buena idea y que vale la pena que os recomiende esto, porque a mí me hizo disfrutar mucho y me pareció muy curioso, así que quizás a vosotros también os guste.

Esta vez os voy a hablar de un documental. Alguno a esta hora estará bostezando ya ;-) Pero tranquilos, porque es un documental precioso y muy interesante, que no os dejará dormidos ni nada por el estilo. Se llama Invisible Worlds, o eso ponía al comenzar el documental, porque buscando información sobre este en Internet lo he encontrado también con el título de Richard Hammond's Invisible Worlds. En cualquier caso os sale con cualquiera de los dos títulos en Google, por si queréis verlo.

¿De qué van estos documentales? De todo aquello que se escapa al ojo humano, y que solo veríamos usando un microscopio. Y creedme, es asombroso ver toda la vida que no podemos contemplar, y que está en todas partes.

Descubrí esta serie de documentales (creo que son tres) de casualidad, viendo la televisión el jueves pasado, en La 2 de TVE. Enseguida me quedé pegada al televisor, porque hay que reconocer que las imágenes son espectaculares y además está todo muy bien explicado, para que cualquiera pueda entender lo que se está viendo. No me extraña nada esto, porque es un documental de la BBC y la verdad es que todos los que hacen son magníficos.

Este capítulo en especial era el llamado Off the Scale, y uno de los momentos que más me gustó fue uno en el que aparecía una araña haciendo su tela,  y era asombroso ver cómo iba poco a poco tejiéndola, de una manera milimétrica y espectacular, como si de una obra de ingeniería se tratara. Os voy a hacer un comentario un poco friki, pero realmente lo pienso y creo que no sobra decirlo. Odio los bichos en general, aunque las arañas no me dan asco, a no ser que sean peludas y grandes; pero siempre he pensado que las arañas son muy trabajadoras, siempre construyendo su tela para cazar. A veces nos dejamos llevar por miedos irracionales, cuando realmente si nos parásemos a pensar veríamos que son estúpidos, aunque no seré yo quien pueda hablar de esta clase de miedos. Pero me parece una lección bonita y necesaria, ya que a veces nos creemos los dueños del universo, mientras otros seres también demuestran una inteligencia muy interesante.

Lo único reprochable, además de que hubiera sido mejor escuchar el capítulo en versión original y que pusieran subtítulos y no que lo doblaran, es que ahora he querido ver en la página web de RTVE el documental al completo y no está disponible. Al ser emitido a las nueve o diez de la noche tuve que ir a cenar, y no pude verlo entero. Eso sí, los capítulos están en Youtube, y supongo que será ahí donde los vea. Visto así, es una buena manera de mejorar el inglés, y gratis.

Investigando sobre los documentales, he descubierto que en ellos participa mi adorado Richard Hammond. Supongo que a muchos este nombre no os dirá nada, pero yo que soy una aficionada al mundo del motor os puedo decir que es uno de los presentadores de Top Gear, un programa que trata básicamente de automóviles, y que por cierto podéis ver en Cuatro a partir de las 8:15 de la mañana. Richard es maravilloso, porque es simpático, divertido y además se explica muy bien. En fin, que me encanta, y su presencia en el documental me parece un enorme aliciente para verlo.

Os contaría algo más, pero no se me ocurre nada más de lo que hablar. Supongo que un día de estos os comentaré algo, casi seguro de música, pero ahora ya empiezo a estar ocupada y a tener menos tiempo para pasarme por aquí. Aún así, siempre os leo y me gusta ver que estáis por aquí, participando y leyendo cada entrada. Nos leemos.