Hola a todos. Como veis, no me he olvidado de vosotros, aunque sé que he pasado algún tiempo sin escribir. Lamentablemente, no tengo apenas tiempo libre, y el que tengo, aunque está mal que lo diga, lo suelo emplear durmiendo o relajándome. Y aunque dentro de mi relajación podría entrar alguna película, la verdad es que de momento no he visto ninguna lo suficientemente interesante como para comentarla aquí. Como siempre os digo, procuraré seguir actualizando esto, ya que sigo sintiendo la misma pasión que siempre por este proyecto, y sé que me seguís leyendo. Gracias por seguir visitándome con la esperanza de encontrar algo nuevo, y siento de verdad no poder estar aquí todos los días haciéndoos nuevas sugerencias.
De todos modos, hoy sí tengo algo de lo que hablaros. Y es que justo acabo de ver el trailer de la película de Cosmópolis, uno de los libros que leí este verano y que os comenté (y sí, es aquel libro que a punto estuve de abanadonar a las veinte páginas de haberlo comenzado). Y la verdad, creo le voy a dar una oportunidad a la película.
Supongo que en un principio cuando leí que se estaba haciendo la película me cerré un poco en banda a verla, porque sé que va a tener escenas desagradables y porque además Robert Pattinson no es santo de mi devoción. Pero sí algo muestra la película es que la adapatación de la historia de Don DeLillo al cine es bastante fiel, o al menos eso deja entrever el trailer. Y eso es lo que me gusta precisamente de una película que está basada en un libro: que la vayas a ver y pienses "ah, sí, esa escena es tal cual aparecía en el libro". De momento ya lo he vivido en varias escenas que he visto: en la de las ratas, que creo que la comenté en su día; en la de la manifestación, que me llamó muchísimo la atención porque fue lo que más me gustó del libro y en la que el protagonista es disparado con una pistola especial, que creo recordar que daba una especie de descarga eléctrica, por una policía. También reconozco la frase que la esposa del protagonista le dice cuando acaba de engañarla con otra mujer, un reproche en el que le dice que todo su cuerpo huele a sexo.
Además, la película tiene efectos de imagen muy acordes a lo que cabría esperar leyendo el libro, algo que sin duda le da un enorme atractivo. Hasta Pattinson parece librarse de su vitola de vampiro adolescente para ofrecer el aspecto sexy y salvaje que tiene que tener el protagonista de la cinta, al igual que lo tiene el del libro, que es magnético y sexual a más no poder.
En fin, os dejo aquí la página de la película, con toda la información acerca de ella y con su trailer, para que podáis echarle un ojo si queréis: http://www.cosmopolis-lapelicula.es/.
Espero poder traeros algo más en los próximos días. Hasta entonces, sed felices. Nos leemos.
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jueves, 11 de octubre de 2012
viernes, 24 de agosto de 2012
Cosmópolis
No os imagináis la pereza que me da hacer este post. Supongo que cuando escribes sobre algo que te ha entusiasmado todo es mucho más fluido, porque tienes ganas de compartir la experiencia con alguien a quien le pueda interesar, y que cuando te toca escribir sobre algo que no te ha gustado tanto la cosa se vuelve algo más complicada.
Tengo que reconocer que Cosmópolis no es para nada un mal libro. Es una buena historia, la estructura del libro es muy original y al final sí llega a obtener un buen ritmo que logra enganchar, pero quizá ya sea demasiado tarde si no se tiene algo de paciencia al principio de la lectura. Como os dije, las primeras veinticinco páginas son muy densas, y se necesitan los cinco sentidos para intentar comprender qué pasa y ubicar a los personajes. Eso en parte es porque no sabemos que pasarán muchísimos más personajes por el resto del libro, así que os recomiendo que no os agobiéis, porque no es necesario para acabar comprendiendo la lectura.
El protagonista es, digámoslo así, especial. Sus actos parecen totalmente impulsivos e incomprensibles, aunque la verdad es que es la tónica general del libro. Para mí, es una representación de una parte de la sociedad de finales del siglo XX y comienzos del XXI, perdida en la tecnología, el dinero y la ambición desmedida. Además, el protagonista es un obseso de la salud y no para de comprobar su estado médico, algo que también lo acerca a tal sociedad. El lector sentirá un cierto rechazo hacia él por su carácter caprichoso, tosco y obsesivo, que va creciendo conforme avanza el relato. De todos modos, no le llegamos a conocer profundamente, porque apenas sabemos nada de su vida, más allá de que posee una inmensa fortuna, de que tiene un matrimonio fraguado más por compromiso y conveniencia que por cualquier otra cosa y de su intenso apetito sexual; también es cierto que aparece algún dato de su infancia al final, pero muy concreto. Quizás sea esto lo que permite que la historia funcione tan bien como retrato social, porque el individuo no se presenta con todos sus rasgos y características, sino más bien desdibujado y lleno de generalidades.
Me gusta especialmente cuando surge la escena de la revolución en las calles, con la rata gigante (sí, rata gigante) y el relato se llena de confusión, porque es el momento más entretenido del libro y el que levanta más enigmas, aunque muchos no se llegan a resolver completamente. También el final destaca sobre el resto del libro, aportando toda la intriga que el resto no posee. Como siempre, me ahorro los detalles para que no perdáis las ganas de leer Cosmópolis si os apetece, o de ver la película, que como ya os dije se estrenará en nada.
La obra tiene una estructura dual, ya que vemos cómo transcurre ese día en la vida del protagonista, y a la vez leemos un relato en primera persona que, en un principio, no sabemos a quién pertenece. Esto aumenta la expectación del lector, por imaginar quién puede ser el que cuenta esto, y ya hacia la mitad y, sobre todo, al final del libro, sabrá quién es.
Como veis, Cosmópolis no me ha disgustado tanto como pensaba. La primera parte se me hizo muy cuesta arriba, pero se trata de una obra que va in crescendo. No es el tipo de libro que a mí más me puede gustar, desde luego, pero sí reconozco que está muy bien y que es interesante si lo vemos como una muestra de la sociedad financiera neoyorquina, y en general de una sociedad que pone por delante el valor del dinero, la especulación y el egocentrismo puro y duro a cualquier valor admirable. Leerlo en plena crisis conlleva una reflexión adicional posterior a la lectura, viendo el comportamiento de estas personas. Así que os gustan este tipo de historias estoy convencida de que os gustará mucho más que a mí, y si no quizá también le acabéis cogiendo el punto como yo lo hice. También debo decir que últimamente todo lo que he leído me ha gustado mucho, y cuando te encuentras con algo que ya no te gusta tantísimo se nota, y quizá por eso me he quedado más fría con esta última lectura.
Hoy ya me pondré a leer alguna otra cosa, a ver si un poco más amena y fácil. Mañana os informaré. Nos leemos.
Tengo que reconocer que Cosmópolis no es para nada un mal libro. Es una buena historia, la estructura del libro es muy original y al final sí llega a obtener un buen ritmo que logra enganchar, pero quizá ya sea demasiado tarde si no se tiene algo de paciencia al principio de la lectura. Como os dije, las primeras veinticinco páginas son muy densas, y se necesitan los cinco sentidos para intentar comprender qué pasa y ubicar a los personajes. Eso en parte es porque no sabemos que pasarán muchísimos más personajes por el resto del libro, así que os recomiendo que no os agobiéis, porque no es necesario para acabar comprendiendo la lectura.
El protagonista es, digámoslo así, especial. Sus actos parecen totalmente impulsivos e incomprensibles, aunque la verdad es que es la tónica general del libro. Para mí, es una representación de una parte de la sociedad de finales del siglo XX y comienzos del XXI, perdida en la tecnología, el dinero y la ambición desmedida. Además, el protagonista es un obseso de la salud y no para de comprobar su estado médico, algo que también lo acerca a tal sociedad. El lector sentirá un cierto rechazo hacia él por su carácter caprichoso, tosco y obsesivo, que va creciendo conforme avanza el relato. De todos modos, no le llegamos a conocer profundamente, porque apenas sabemos nada de su vida, más allá de que posee una inmensa fortuna, de que tiene un matrimonio fraguado más por compromiso y conveniencia que por cualquier otra cosa y de su intenso apetito sexual; también es cierto que aparece algún dato de su infancia al final, pero muy concreto. Quizás sea esto lo que permite que la historia funcione tan bien como retrato social, porque el individuo no se presenta con todos sus rasgos y características, sino más bien desdibujado y lleno de generalidades.
Me gusta especialmente cuando surge la escena de la revolución en las calles, con la rata gigante (sí, rata gigante) y el relato se llena de confusión, porque es el momento más entretenido del libro y el que levanta más enigmas, aunque muchos no se llegan a resolver completamente. También el final destaca sobre el resto del libro, aportando toda la intriga que el resto no posee. Como siempre, me ahorro los detalles para que no perdáis las ganas de leer Cosmópolis si os apetece, o de ver la película, que como ya os dije se estrenará en nada.
La obra tiene una estructura dual, ya que vemos cómo transcurre ese día en la vida del protagonista, y a la vez leemos un relato en primera persona que, en un principio, no sabemos a quién pertenece. Esto aumenta la expectación del lector, por imaginar quién puede ser el que cuenta esto, y ya hacia la mitad y, sobre todo, al final del libro, sabrá quién es.
Como veis, Cosmópolis no me ha disgustado tanto como pensaba. La primera parte se me hizo muy cuesta arriba, pero se trata de una obra que va in crescendo. No es el tipo de libro que a mí más me puede gustar, desde luego, pero sí reconozco que está muy bien y que es interesante si lo vemos como una muestra de la sociedad financiera neoyorquina, y en general de una sociedad que pone por delante el valor del dinero, la especulación y el egocentrismo puro y duro a cualquier valor admirable. Leerlo en plena crisis conlleva una reflexión adicional posterior a la lectura, viendo el comportamiento de estas personas. Así que os gustan este tipo de historias estoy convencida de que os gustará mucho más que a mí, y si no quizá también le acabéis cogiendo el punto como yo lo hice. También debo decir que últimamente todo lo que he leído me ha gustado mucho, y cuando te encuentras con algo que ya no te gusta tantísimo se nota, y quizá por eso me he quedado más fría con esta última lectura.
Hoy ya me pondré a leer alguna otra cosa, a ver si un poco más amena y fácil. Mañana os informaré. Nos leemos.
jueves, 23 de agosto de 2012
Terminando Cosmópolis
Pues sí, al final voy a ganarle la batalla a Cosmópolis, ya que me quedan unas páginas para terminarla. Más o menos calculo que me quedarán unas cincuenta, y ya que he llegado hasta aquí ahora no voy a abandonar el libro, aunque para ser sincera no me está encantando.
De todos modos, Cosmópolis ya no me parece tan mala como al principio. Vale, no es una lectura amena, ni que enganche; pero sí tiene momentos muy buenos y un argumento que al final consigue intrigar al lector. Es una mezcla de paranoia, riqueza, poder, confusión y un buen retrato de a qué puede llegar una persona inmensamente rica y trastornada. Y a todo esto se le suman altas dosis de sexo y mentiras, por si lo anterior no era suficiente.
De todos modos, cuando acabe de leerlo haré un nuevo post, comentando ciertos aspectos del libro que me parecen muy destacables, a pesar de que, como os digo, no es el tipo de libro que más me gusta. Quizá mañana ya haya acabado Cosmópolis y os pueda comentar qué me ha parecido y si ha valido la pena superar las primeras y soporíferas páginas o no. Por cierto, que todavía no lo he mencionado, el autor de Cosmópolis es Don DeLillo, por si alguien tiene curiosidad y quiere leerlo.
Después de acabar con esta novela espero encontrarme algo más ligerito que me sirva de transición entre el libro que estoy leyendo ahora y La voz dormida, la cual iba a leer tras Los girasoles ciegos, pero como ambas están ambientadas en la Guerra Civil española y su posguerra finalmente decidí dejarla para más adelante, para no saturarme con el mismo tema.
Bueno, poquito más por el momento. Nos leemos.
De todos modos, Cosmópolis ya no me parece tan mala como al principio. Vale, no es una lectura amena, ni que enganche; pero sí tiene momentos muy buenos y un argumento que al final consigue intrigar al lector. Es una mezcla de paranoia, riqueza, poder, confusión y un buen retrato de a qué puede llegar una persona inmensamente rica y trastornada. Y a todo esto se le suman altas dosis de sexo y mentiras, por si lo anterior no era suficiente.
De todos modos, cuando acabe de leerlo haré un nuevo post, comentando ciertos aspectos del libro que me parecen muy destacables, a pesar de que, como os digo, no es el tipo de libro que más me gusta. Quizá mañana ya haya acabado Cosmópolis y os pueda comentar qué me ha parecido y si ha valido la pena superar las primeras y soporíferas páginas o no. Por cierto, que todavía no lo he mencionado, el autor de Cosmópolis es Don DeLillo, por si alguien tiene curiosidad y quiere leerlo.
Después de acabar con esta novela espero encontrarme algo más ligerito que me sirva de transición entre el libro que estoy leyendo ahora y La voz dormida, la cual iba a leer tras Los girasoles ciegos, pero como ambas están ambientadas en la Guerra Civil española y su posguerra finalmente decidí dejarla para más adelante, para no saturarme con el mismo tema.
Bueno, poquito más por el momento. Nos leemos.
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