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miércoles, 22 de octubre de 2014

Perdida

Hola a todos, ¿cómo estáis? Antes de comenzar a hablar sobre la película Perdida, quería dar las gracias a quienes habéis decidido seguir este blog a través del correo electrónico, ya que he visto que desde que está permitido apuntarse mediante correo están llegando muchas visitas. Siento no haber activado antes esta opción, pero ya sabéis que no tengo mucha maña y a veces me pierdo entre tantas opciones.  De nuevo, gracias a todos. 

Como acabo de decir, os voy a hablar de Perdida, una película que lleva casi dos semanas en cartelera, y que yo vi el lunes de la semana pasada. Al contrario de otras ocasiones, en las que llevaba meses deseando ver una película en concreto gracias a lo que iba leyendo en los medios, como me pasó con La isla mínima, esta vez lo que me empujó al cine fue ver el trailer una y otra vez, ya que siempre que iba al cine lo echaban antes de comenzar la película que iba a ver ese día. De hecho, más que el trailer en cuestión quería saber cómo terminaba el thriller, y quién era el causante de la desaparición de la protagonista, circunstancia que da nombre a la cinta. 

Perdida esta basada en una controvertida novela que ha tenido un gran éxito de ventas. Aunque no la he leído, he utilizado el adjetivo controvertida por las desiguales críticas que ha recibido, ya que lo que para unos es una resolución perfecta para otros es una final tonto y que carece de sentido. Como siempre digo, para gustos colores, y en este caso tampoco me puedo mojar, porque no sé si la película es completamente fiel a la novela. 

Uno de los atractivos de Perdida es, sin duda, su director, David Fincher, que siempre garantiza un buen trabajo, que no deja indiferente a nadie. La película está protagonizada por Ben Affleck y Rosamund Pike, que dan vida a la pareja principal, y en ella participan secundarios tan brillantes como Neil Patrick Harris, al que la mayoría conoceréis por haber dado vida a Barney en Cómo conocí a vuestra madre

El título no deja demasiado a la imaginación, ya que desvela el argumento de la película. Nick y Amy son un matrimonio que está a punto de cumplir cinco años de casados. Justo el día del aniversario de bodas, Amy desaparece sin dejar rastro, dejando a Nick aparentemente triste y desorientado, aunque a la vez él se muestra realista sobre la compleja situación por la que pasaba su unión. La aparición de una serie de supuestas pruebas que le inculpan le llevarán a ser el principal sospechoso, algo que él negará, a pesar de verse cada vez más señalado por los medios de comunicación, la familia de su esposa y la sociedad en general. 

La primera vez que vi el trailer, me interesó la película tanto por la historia que contaba como por el director, pero tenía mis dudas por el reparto. Bueno, rectifico: el reparto en sí no me daba tanto miedo como el protagonista, Ben Affleck, que como sabéis no es mi actor favorito, porque no es más malo porque no entrena no es precisamente expresivo y pone la misma cara ante cualquier situación. Sin embargo, y para mi sorpresa, he de reconocer que es perfecto para este personaje, ya que al jugar un papel ambiguo de culpable-inocente deja que la incógnita sobre su responsabilidad en la desaparición de su mujer esté muy presente durante toda la película. 

Otro de los puntos fuertes de esta película es Rosamund Pike, que es capaz de dar vida a un personaje muy complicado, con muchísimas aristas y caras. No se puede decir gran cosa sin meter la pata, pero me ha sorprendido gratamente su actuación, ya que no lo tenía fácil para resultar creíble y, sin embargo, lo logra con creces, demostrando mucho talento y una increíble capacidad para cambiar de registro. Sus expresivos ojos te van desconcertando durante toda la película, y más cuando ya sabes lo que ha pasado con su personaje. 

Perdida es un thriller, y como tal cumple su función de crear un gran misterio sobre la historia que nos presenta. Podríamos decir que hay dos partes en esta película: la primera, en la que se plantea la historia y se ven la desaparición y los días posteriores a esta, y la segunda, que nace a partir del giro que da la historia cuando se desvela quién es el culpable de la desaparición de Amy. El mérito de la película consiste en no perder interés al desvelar el misterio principal, sino que al contrario, este crece una vez que nos enteramos de lo que ha pasado. El mérito es del guion y de la historia en general, pero creo que con otro director la segunda parte habría podido ser mucho peor; sin embargo, Fincher logra que esa segunda parte se vuelva todavía más interesante que la primera, añadiendo nuevos elementos como un sutil e interesante humor negro que provocó algunas risas en la sala.

Es muy difícil comentar este tipo de películas sin desvelar nada importante, pero lo que sí os puedo decir es que es una de las mejores opciones que hay ahora mismo en cartelera. Aprovechad para verla este fin de semana, y si no, ya sabéis que los próximos lunes, martes y miércoles vuelve la Fiesta del Cine. Yo ya he elegido película para esas fechas, ¿y vosotros? Un saludo.




*Cartel: http://www.filmaffinity.com/.

viernes, 3 de octubre de 2014

La isla mínima

Hola a todos. Vale, que sí, que tenéis razón... hoy tocaba Boyhood, pero después de ver La isla mínima tenía tantas ganas de contaros cosas sobre ella que otra vez tocará esperar. Y es que no quería dejar pasar la oportunidad de hablaros de la que para mí es, sin duda, la película española del año. Sí, Ocho apellidos vascos y (supongo) Torrente serán las más taquilleras, El Niño también está teniendo mucho éxito entre el público, pero hoy hablamos de otra cosa: de cine en mayúsculas, de gran calidad, de actores impresionantes, de historias que te llegan y que te hacen salir del cine pensando y, sobre todo, con ganas de volver cuanto antes. Vamos, que hoy hablamos de una película que no debéis perderos.

El cine para mí está siendo terapéutico en estos días algo confusos y difíciles. Antes de ir al cine estaba desanimada y sin ganas de nada, tirada en la cama peleándome con el wifi de Jazztel (¡viva R!), pero en cuanto llegué al cine se me pasaron todos los males, incluido el dolor de cabeza. Últimamente estoy yendo mucho al cine por eso, porque me relaja, me hace pensar en otras cosas, me entretiene y me parece una de las mejores y más baratas experiencias que se pueden tener un día cualquiera y, encima, no necesitas ir con nadie; de hecho, yo prefiero ir sola.

También es cierto que esta vez tenía tantas ganas de ir porque llevo meses oyendo cosas positivas sobre La isla mínima, y encima me encanta Raúl Arévalo, así que no pude resistirme, y en cuanto tuve una tarde libre me planté en la sala a ver si la película era para tanto. Confieso que tenía la sensación de que la cinta me iba a decepcionar, porque cuando algo tiene fama de ser tan bueno a veces luego te llevas decepciones. Además, había leído comentarios que la comparaban con mi adorada True Detective, por las tramas y hasta por los paisajes. Vale, hay un toque, una reminiscencia de la brillante serie de HBO, pero os prometo que se queda en eso, en un grupo de detalles que a veces te llevan a la serie, pero nada más. Ni es una copia, ni las cosas se plantean y se resuelven igual: hay dos policías que utilizan métodos muy contrapuestos y que se llevan regular, un caso muy complicado por resolver y unos paisajes muy particulares. Ahora bien, ¿esto solo pasa en True Detective? Pues eso. 

La isla mínima tiene un reparto que, per se, invita a ir al cine de cabeza: Raúl Arévalo y Antonio de la Torre tienen todo el crédito del mundo, ya que papel que interpretan, papel que bordan, y encima Javier Gutiérrez hace una actuación impresionante, que le valió la Concha de Plata al Mejor Actor en San Sebastián. En realidad creo que Raúl Arévalo tampoco hubiera sido un premiado injusto, aunque reconozco que el papel de Javier Gutiérrez tiene más aristas y es más complejo en general, y él actúa con una solvencia incontestable. Y me vais a perdonar, pero encima es paisano, así que olé por él. 

El resto del reparto está también muy equilibrado, aunque me ha sorprendido para bien Jesús Castro, que daba vida al ya famoso Niño de la película del mismo nombre. A pesar de las tortas que muchos le han dado por la otra película, creo que nadie puede negar que en esta va cogiendo tablas. No, no se va a llevar un premio mañana mismo por ninguna actuación, pero tampoco parece que, si sigue actuando, vaya a ser el peor actor del mundo. Hay que tener un poco de paciencia con la gente que está empezando, de corazón os lo digo; todos, con el tiempo y con la experiencia, vamos mejorando en nuestros trabajos, y él hará lo mismo, como lo han hecho tantos y tantos actores, nacionales e internacionales, a lo largo del tiempo. Y no, no voy a poner el ejemplo de Matthew McConaughey... vale, acabo de hacerlo. 

Pero vayamos ya al meollo del asunto. ¿De qué va una película con un nombre tan extraño? Pues, básicamente y resumiendo mucho para no estropear nada importante, os diré que los protagonistas son dos policías de ideologías y caracteres antagónicos que deben resolver un caso muy inquietante y delicado en un lugar muy particular, en el que todos se conocen y, como es común en estos casos, todos intentan protegerse los unos a los otros. Sin embargo, los horribles crímenes que van saliendo a la luz y el trabajo incansable de estos dos agentes irán logrando romper vínculos y obtener pistas y confesiones que ayudarán a ir encajando las piezas del macabro puzzle que tienen que descifrar.

A lo mejor, esta breve descripción no os llama mucho la atención, porque películas con un argumento como este hay unas cuantas. ¿Qué es lo que me hace estar tan entusiasmada con La isla mínima? En primer lugar, como ya he comentado antes, las actuaciones, que son realmente buenas. Pero no solo de grandes actores vive una película, sino que se necesita un gran guión, una buena y cuidada fotografía, un correcto dominio de los tiempos en los que deben suceder los cambios, una buena ambientación que haga de la película un gran producto visual, etc. Y sí, todo eso y cualquier elemento indispensable en una buena película, está en esta gran cinta. Es adecuada hasta su duración, porque soy de la opinión de que un thriller no debe durar demasiado, salvo que haya alguna justificación convincente para ello, y esta película es bastante corta, porque no llega a las dos horas; eso sí, con los veinte minutos de anuncios que nos tragamos esta vez no se notó tanto. Pero bueno, me alegra que las marcas se anuncien en los cines, que eso es bueno para todos, y especialmente para los que disfrutamos del cine tanto como yo. 

¿Otra virtud de La isla mínima? Que el director sabe lo que quiere y se nota. Impresionante el trabajo de Alberto Rodríguez, que ha hecho una película mejor que muchas rodadas por directores mucho más experimentados y hasta prestigiosos. Habrá que estar atentos a lo que vaya rodando en un futuro, porque precisamente eso, futuro, es lo que le sobra. Otro de los méritos de la película es el de provocar muchas y distintas sensaciones en el espectador. Había mucha gente en la sala y en distintos momentos de la película se oían risas y onomatopeyas (de asco, de sorpresa, etc.), y también conjeturas sobre quién era el culpable de los hechos que aparecían ante nuestros ojos. Creo que el mejor consejo que os puedo dar es que os compréis unas palomitas y que las guardéis para los últimos veinte minutos, y así evitaréis morderos las uñas, que era lo que estaba (estábamos) haciendo el 97% de los espectadores en esos momentos. 

Cuando sales del cine, vas pensando en las pistas que has visto durante la película, dándole vueltas a esos pequeños detalles que a veces se nos escapan. Nada más maravilloso, después de haber visto un thriller, que salir pensando en cuáles fueron los datos clave que resolvieron la trama; esa es, sin duda, una señal de que la película te ha gustado. En mi caso, salí también muy impactada, porque soy un poco blanda y reconozco que la película es durilla en algunos momentos, con imágenes tremendas e historias nada agradables. Pero bueno, pensemos en que, en este caso, es todo puro teatro, o, más concretamente, puro cine.

Me desconcierta que no hayamos querido mandar este gran producto a la lucha por los Oscar a mejor película extranjera. No sé, quizás Vivir es fácil con los ojos cerrados sea fantástica (no, no la he visto, llevo meses diciendo que la quiero ver y nunca me acuerdo, lo reconozco), pero no sé hasta qué punto puede superar a esta historia tan digna, a este producto final tan bueno, tan increíble, que callaría muchas bocas, hasta las de los mayores críticos del cine español. Que esa es otra: qué gran película para un cine del que siempre se andan quejando algunos. Claro que en España se hacen malas películas, pero también se hacen trabajos tan brillantes como este. Lógicamente, el contenido de la película y la temática pueden valorarse de manera distinta según el gusto personal de cada uno, pero lo que es innegable es que esta es una buena película, de calidad, que refleja hasta el último céntimo que se han gastado en en ella. 

No sé qué vais a hacer este fin de semana, ni durante los próximos días, pero desde luego, si os apetece ir al cine y no tenéis muy claro qué película ver, esta es una excelente opción. No perdáis la oportunidad de ver un estupendo trabajo en la mejor pantalla en la que se puede ver: la grande. De verdad que no os arrepentiréis. Un abrazo, nos leemos.